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IUDAEA CAPTA. LA CONQUISTA DE JERUSALÉN

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IVDAEA CAPTA . LA CONQUISTA DE JERUSALÉN.

La toma de Jerusalén en el siglo I es un suceso histórico de enorme relevancia.

¿Tendría su paralelo en tiempos modernos?

En el siglo I, el conflicto se llamó la “Primera Guerra judeo-romana” o “Gran Revuelta Judía”. Se inició en el año 66 con una insurrección en la ciudad santa.

Luego, entre el año 69 y 73 ocurrió la invasión de Judea por parte de los romanos y la toma de Jerusalén.

Fue una época complicada en el Imperio Romano pues en el año 69 había ocurrido una guerra civil, que hoy llamaríamos internacional. Se llamó “el año de los cuatro emperadores”. El Imperio se dividió pues cuatro gobernantes quisieron hacerse con el cargo de emperador durante ese año (Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano). Este conflicto estuvo muy relacionado con la toma de Jerusalén, pues fueron los ejércitos de Egipto y Judea, con la ayuda de Siria, los que llevaron a Vespasiano al poder imperial.

Aplicando el cálculo matemático en nuestro método histórico, el año 66 correspondería aproximadamente con 1911, y en consecuencia, las fechas del 69 al 73 con los años de 1914 al 1918 aproximadamente. En esas fechas ocurrió una revuelta en Jerusalén, seguida de una guerra entre los imperios occidentales que llevó a la toma de Jerusalén. Son los sucesos entorno a la I Guerra Mundial (1914-1918). Aunque la historia nunca se repite exactamente igual, como veremos el parecido entre los acontecimientos es sorprendente.

Primer asalto: La revuelta del año 66 o la del 1911.

En el siglo I, se dio la llamada Primera guerra judeo-romana o Gran Revuelta Judía.

En el año 66 se produce un primer conflicto en Jerusalén. La aparición del cometa Halley en ese año, fue vista por algunos como presagio de desgracias.

Al parecer, el procurador romano había robado del tesoro del Templo, y el Sumo Sacerdote mandó atacar a los romanos. El gobernador de Judea, Herodes Agripa II tuvo que huir porque su vida peligraba. Para sofocar la revolución, acude Cestio Galo, que rodea la ciudad amurallada. Avanzaron hasta el muro del Templo, protegidos por sus escudos. Josefo dice: “Se deslizaban las flechas sin dañar, y […] los soldados pudieron, sin riesgo, minar la muralla y prepararse para pegar fuego a la puerta del Templo”. Sin embargo, cuando todo parecía perdido para los judíos, “Cestio retiró repentinamente sus tropas […] y sin razones valederas abandonó la ciudad.”

En su paralelo, según el método sería 1911 aproximadamente. Recordemos que el cometa Halley curiosamente volvió a aparecer en 1910, y al parecer fue visto en Jerusalén en 1911 según cuenta el dominico padre Lagrange. En esta fecha hubo una revolución en Jerusalén relacionada también con un presunto robo del tesoro del Templo (hoy la Cúpula de la Roca musulmana).

También fue la máxima autoridad religiosa, en este caso el muftí musulmán, el que inició una revuelta que hizo huir al gobernador otomano o turco de Jerusalén.

Todo se inició por una expedición del ex oficial militar británico Montague Parker. Este equipo buscaba de noche el Arca de la Alianza en unos túneles bajo el Monte del Templo. Llegaron furtivamente al recinto del Templo, y rompieron el pavimento para excavar en unos túneles subterráneos. Un vigilante musulmán los descubrió y alerto a la población de que unos cristianos, de la conspiración turco-británica, quería robar los tesoros del Templo.

Ese día, 17 de abril de 1911, Jerusalén era un hervidero. Coincidían la Pascua ortodoxa, la judía, y la peregrinación musulmana de Nabi Musa. El muftí o líder musulmán que dirigía la procesión, dirigió a los peregrinos enfurecidos hacia el Templo. El escándalo llegó a toda Jerusalén y en menos de una hora una muchedumbre de judíos y musulmanes inmediatamente se concentró frente a los muros pidiendo la muerte de los exploradores. Estos pudieron escapar afortunadamente llegando al puerto de Jaifa, donde un yate los esperaba. Otros que los ayudaron, se salvaron de ser linchados solo por la intervención de las tropas otomanas.

La revuelta creció al grado de intentar matar al gobernador otomano de la ciudad, que tuvo que ocultarse. Durante los días siguientes, las amenazas entre cristianos y musulmanes fueron tan grandes que las tiendas estuvieron cerradas y había patrullas en cada calle. Ante la amenaza de una masacre de cristianos, 8.000 peregrinos rusos se armaron para responder a los musulmanes. El momento álgido estalló en el Monte del Templo cuando 10.000 personas se hallaban congregadas, y ante el pánico se oyeron voces gritando: ¡masacre!. La multitud corrió a las casas armándose y montando barricadas.

Esta información ha sido tomado de las obras: “Lo que las arenas ocultan”, de Jose Antonio Solís Miranda y “Jerusalem: The Biography,” escrito por Simon Sebag Montefiore.

Segundo asalto: La toma de Jerusalén.

Volviendo al siglo I, la guerra comienza de nuevo entre los años 69 y 73. En el 69, fue Tito, el hijo del emperador romano Vespasiano, quien asedia la ciudad de nuevo. En el año 70, los romanos penetran en las murallas e incendian el Templo. La guerra continúa tras el fin de la conquista de Jerusalén en el año 71.

Hacia el año 72 los romanos se dirigen a la última fortaleza judía, Masada, que cae en el año 73. Estaba situada al sur del Mar Muerto y del río Jordán. Las imágenes de los militares romanos con sus águilas imperiales entrando en Jerusalén y en el recinto del Templo debieron quedar grabadas en las retinas de los habitantes de Jerusalén.

En el siglo XX, los ejércitos occidentales vuelven a Jerusalén, para tomarla de nuevo. El marco de su captura fue la I Guerra Mundial. En esta se dio la Campaña del Sinaí y Palestina (1915-1918). En nuestro método, esas fechas coinciden con los años 70-73 exactamente.

En 1914, bajo el káiser Guillermo II, llegaron los primeros militares alemanes para reforzar a las tropas turcas que tenían el dominio de la ciudad. En 1916, los militares alemanes de la Expedición Pasha I se establecen en Palestina. A inicios de 1917, el general alemán von Falkenhayn llega Jerusalén, y tenemos fotos de él en el recinto del Templo. De nuevo las águilas imperiales de los militares occidentales se plantan sobre el recinto del Templo. El 9 de diciembre de 1917, Jerusalén es conquistada, no por los alemanes, sino por los británicos del general Edmund Allenby.

Tras la toma de Jerusalén, los ejércitos occidentales se dirigen al Jordán, a la zona del Mar Muerto, como antiguamente hicieran los romanos. La llamada “Ocupación del Valle del Jordán”, incluyendo la zona de la antigua Masada, ocurrió en 1918 tras la caída de Jericó. Esto es sobre el año 73 según nuestro método.

La llamada “Campaña del Sinaí y Palestina” tuvo su último acto en 1918. La batalla definitiva se llamó “La batalla de Meguidó”, pues tuvo lugar en ese histórico lugar llamado Har Meggido en hebreo.

En el siglo I, aproximadamente 1.000.000 de judíos murieron. Estos acontecimientos dieron origen a la llamada “diáspora” o dispersión de judíos.

No he podido conseguir datos específicos de la I Guerra Mundial en Palestina. Pero en Oriente Medio en general hubo unos 5.000.000 de muertes incluyendo civiles y descontando las de los Aliados. La “Declaración de Balfour” de 1917, dio origen a la creación del Estado de Israel y a la consecuente diáspora de palestinos, llamada “Nakba” o “desastre”, porque ya van casi 1.000.000 según fuentes palestinas. Igualmente, parece producirse un paralelo éxodo de judíos que viven en países árabes y musulmanes, donde desde los años 40 se cuentan ya entre 900.000 y 1.000.000. ¿Estamos viviendo la diáspora de nuestro siglo?

Los arcos del triunfo

En Roma se alzó un arco del triunfo en honor a Tito, el conquistador de Judea, y se emitieron monedas con la inscripción “IVDAEA CAPTA” o “Judea conquistada”. En este arco romano, se ve a los ejercitos occidentales llevándose el mobiliario sagrado del Templo.

De modo parecido, numerosos arcos del triunfo se alzaron en Occidente en honor a los combatientes de la I Guerra Mundial, concretamente en Inglaterra y Estados Unidos.

Los que he podido encontrar son los “victory arch” de Madison Square (Nueva York ,1918), el de Virginia (1918), el de Louisiana (1919) y el de Rosedale (Kansas, 1923-24).

En Londres hallamos el de la estación de Waterloo, de 1922. En él, una Niké o diosa alada de la victoria, guía a las tropas de estos nuevos “romanos” británicos.

Esta misma Niké o victoria es la que aparece en el relieve del arco de Tito, guiando a los antiguos romanos en la ya repetida batalla de Jerusalén.

Adnhistoriadelarte.com                              JOB FLORES FERNANDEZ 2014 (C)

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